jueves, 5 de marzo de 2015


Es sobrecogedor pararse a escuchar cuando hablas con alguien. Digo escuchar y no mantener una conversación solamente pensando en lo que cuentas a otra persona.

Molestarse en entender lo que a uno le cuentan, tratar de comprender ese sentimiento que lleva a alguien a contarte según qué cosas. El estímulo de las acciones narradas. Las expectativas creadas sobre los objetivos realizables.

Y aportar, contribuir a esa argumentación con la visión particular, la experiencia de otro y la voluntad de querer hacerlo.

Después habrá quien me diga que empieza el juego de intereses. Que como vas a dar tanta información sobre ti mismo en una simple conversación. Y es que decidí hace tiempo no pasar desapercibido y hacer lo que me importaba. Que también hay quien lo confunde y prefiere hacer lo que quiere… No, yo no. Yo prefiero hacer lo que me importa. Y si me importa hablar con una persona, lo lógico es implicarse en esa conversación.

Y no hace falta que diga que me importan las personas, todas. Aunque muestre más interés por lo que hacen unas que por lo que hacen otras. Y me importa lo que pasa en mi ciudad, Talavera. Por eso a veces crítico y a veces propongo, pero sobre todo observo y siento. Y me sienta muy mal cuando los informativos y los periódicos cuentan  lo mal hecho de alguien que vive aquí. Y me gusta muy poco que haya quien se regodea en esto para definir a una ciudad, a sus habitantes. Me sienta aun peor que se haga desde aquí. Me molesta escuchar a esos que ahora juzgan porque dicen conocer o haber conocido.

Me duelen los oídos cuando me hablan de linajes, viejas historias y antiguas traiciones que tienen que ver con mi ciudad o con alguien que vive aquí, sea quien sea, porque es el germen de las nuevas deslealtades.

Estoy esperando a quien haga la gracia de contar que el tal pequeño Nicolás es de Talavera o que tiene un primo de esos a los que hay tantos aficionados a tener, que le conoce.

Pero lo que de verdad echo de menos es que de una vez para siempre nos dejemos de historias y zarandajas. Que no pensemos en que Fray Hernando fue confesor de Isabel la católica, aunque no está mal que lo sepamos y lo recordemos. Por qué aquí, unos u otros, y otras y unas están batiéndose el cobre por salir adelante. Por poner alternativas encima de la mesa que hoy tenemos delante. Que las viejas glorias de antaño no sirven para nada distinto de llenar la memoria y los libros de historia. El sensacionalismo barato para asustar a los viejos.

Y que debemos ser más pragmáticos, confiar en la justicia que tendrá algo que decir y no solo evocar poesías. Que en Talavera la gente se lo curra a diario, que esta ciudad siempre fue de importancia pero la hacemos importante todos los días entre todos, sin necesidad de alharacas ni grandes golpes en el pecho que luego no se corresponden con los hechos.

Quizás de esto es de lo que se debería hablar en esas conversaciones pensadas…


0 comentarios:

Publicar un comentario