jueves, 19 de marzo de 2015


Creo que hace tiempo que ya no sé de qué va esto.  Debo reconocer que cada vez escucho menos las noticias, estoy menos al cabo de la actualidad y mucho más pendiente de la banda sonora de la vida. Estoy empezando a sustituir las noticias por canciones. Y es que recuerdo hace tres o cuatro años un encuentro con un “coach”, experto en la teoría del reloj, que decía y recomendaba este mismo término. Es mejor en tiempos difíciles no prestar oídos a la actualidad publicada, porque siempre se agranda lo negativo y esto deprime a cualquiera que se interese. Mucho mejor conservar la alegría escuchando música aunque no se esté perfectamente informado y actualizado.

Y es que hay algunos días que parece que la actualidad está invernando, deben pasar pocas cosas o poco importantes. Porque lo que no sea  gran hermano o sálvame de luxe parece no tener espacio. A veces creo que ni el famoseo está a la altura y no hay famosos como los de antes…

Pero lo cierto y verdad es que cosas siguen pasando, siguen pasándonos.  La recuperación de la antigua iglesia del Salvador y su reconversión en centro cultural. 30 años de la OMIC. La posibilidad de votar por via telemática. Las distintas actividades de ocio para la Semana de Mondas, aunque no hemos pasado aun, la Cuaresma

El Banco de España y la CNMV han bloqueado los fondos de inversión y deposito del Banco de Madrid. La corrupción que salpica al Barcelona que es, por lo visto, más que un club. Y ¿que me dicen del comisario Villarejo que investigaba al presidente de la Comunidad de Madrid y al que ahora se le va a investigar el origen de su patrimonio? 40 imputados del tirón que van al banquillo por el caso Gurtel.

Y hace un rato un atentado en Túnez donde personas interesadas en conocer los antecedentes históricos y culturales de la humanidad, entre ellos dos compatriotas han sido asesinados.

Si a uno ya se le hace difícil a veces comprender la realidad, esta viene aderezada de barbarie y sin razón, como tantas veces. El fanatismo nada tiene que ver con razón, justicia, ni dioses.

Intentar seguir adelante cuando no se comprende el camino que se transita hace imposible alcanzar el destino. Provoca el descredito y la desconfianza en los demás y en uno mismo.

Quizás, a fuerza de no conseguir nunca lo que se marca como objetivo hace que no lo tengamos.

Así que, refugiados en la música. Eso sí, sin dejar de mirar de reojo. El centro de la diana es un pequeño punto rojo en el que cabe la punta de un alfiler.


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