jueves, 25 de junio de 2015



El verano ha entrado de lleno con su calor. Los baños, las bebidas refrescantes, las puestas de sol en la orilla de la playa, los chiringuitos, los conciertos en las terrazas, las merendolas sobre el césped ,las fiestas de los pueblos y todos esos momentos tan característicos de esta alegre estación. No es la explosión de colores de la primavera, pero no se queda muy atrás. Lo que está claro es que es tiempo para disfrutar a lo grande, para descansar y para vivir instantes que se mantengan en el recuerdo al menos hasta el verano siguiente.

El verano empieza con la noche de San Juan la noche más corta, la más cargada de magia del año. Hogueras y baños a la luz de la luna. Noche  en la que dicen que el diablo y las brujas se mueven entre nosotros con mucha más fuerza. Noche de poder, noche de energía. Hogueras, hierbas, hechizos, deseos…noche en la que lo imposible se hace posible. La noche en la que desnudamos nuestros espíritus, nos despojamos de lo viejo y de lo malo purificándolo en el fuego. Para junto al agua renacer.

 Tradición que ni la evolución ni la tecnología han conseguido silenciar, pasada de padres a hijos, generación tras generación.

La Victoria de la luz sobre la oscuridad. Coincidiendo con el solsticio de verano. Noche de hogueras como símbolo de purificación, de petición de deseos y de rituales para alejar malos augurios.

En la esperanza de renacer, en la certeza de la purificación. La compañía y el recuerdo de quienes están lejos, pero nunca se marcharon. De quienes por los tiempos se mantuvieron firmes, al lado. Conjuramos nuestros deseos, para bien y para mal. Que queremos se conviertan en realidad, casi en algo necesario para volver a saltar por encima de la hoguera al verano siguiente.

A partir de aquí los días comenzarán a ser más cortos, la batalla comenzará a ganarla la oscuridad. Por eso, cobra más importancia si cabe, compartir los días y también las noches. En tiempos donde hay alargadas sombras a pleno sol. Los retornos y los reencuentros marcan la vida. Una vida que nos traiga ante la hoguera al verano siguiente, para comenzar de nuevo.


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