jueves, 16 de julio de 2015


Lleva un mes la señora Carmena, de lo más entretenido. Más que aportando y haciendo, justificando y diciendo donde dije digo, digo Diego. Y es que la señora alcaldesa no ha dejado de resultar polémica desde el mismo momento en que su nombre apareció como candidatable y contrapuesto a la gran vencida, Doña Esperanza.

Propuestas de integración laboral de las mamás en los colegios, tasas a cajeros automáticos, ceses de concejales que no se sabe si cesan. Mentidos y desmentidos que después necesitan redesmentidos e interpretaciones de las interpretaciones. El caso es que parece ser que alguien entiende que el cuarto poder puede convertirse en un contrapoder al poder establecido porque recoge y se hace eco de las constantes meteduras de pata, de la alcaldesa y de los demás políticos. Pero ha sido el gabinete de Carmona quien ha ideado una máquina de la verdad, a la que está pintando y revistiendo de objetividad e imparcialidad.

Y así han puesto en marcha una página web para manifestar la intención primigenia de la alcaldesa antes de meter la pata ante los medios de comunicación. Y no es que yo coincida mucho con algunos comportamientos que observo en algunos medios. Pero la señora alcaldesa se equivoca mucho, me parece a mí. Y no hay peor cosa para perder credibilidad de inmediato que corregirse a uno mismo y volver a rectificar lo rectificado.

Pero además, si el gabinete va a enmendar a la alcaldesa, porque es lo que va a hacer. Quizás sea más fácil perder un poco de tiempo en mejorar la política de comunicación. En lugar de tachar de noticias falsas y llenar de rectificaciones y contrarectificaciones las ediciones de los diarios.

Me han oído criticar el rigor de algunos planteamientos y criterios mediáticos, incluso periodísticos. Pero nunca tachare de falsa o mentira una noticia por ser elaborada por un periodista. Seguramente pensaré que quien emite el hecho noticiable no ha sabido hacerlo bien. La garantía de libertad que aportan los medios no puede, ni debe ser controlada por los poderes institucionales, a pesar de que muchas veces marquen las tendencias de algunos medios. La libertad de un periodista para contarnos la realidad política es fundamental para garantizar el derecho a la información.

Poner en marcha una web para señalar con el dedo a medios y periodistas que interpretaron una noticia de forma incorrecta, en el mejor de los casos. O acusar de manipular en la publicación de errores cometidos por la alcaldesa Carmena en sus exposiciones públicas, son cosas que no tienen nada que ver y que requieren denominaciones diferentes. Lo primero está dentro del ámbito democrático, lo segundo está pisando la línea de fuera del campo.


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