jueves, 5 de mayo de 2016


Vero es una luchadora, una mujer trabajadora sin empleo, una madre soltera y sola, con cuatro hijas y dos en camino. Vive de alquiler social, después de luchar contra un desahucio, no tiene ingresos, alguna ayuda de emergencia social, apenas algunos trabajos esporádicos, por supuesto, sin derechos ni contratos. Tenía todas las papeletas para conseguir un puesto de trabajo de peón en el Plan de Empleo extraordinario y urgente de la Junta.

Ese Plan del gobierno de Page pero que pagamos con los presupuestos de Talavera en el 60%. Tenía todas las papeletas y ninguna ilusión porque sabía que había muchas como ella, con los mismos números. Una leve esperanza en la lista provisional que se esfumó porque su edad al final le hizo perder la oportunidad ante el empate con otras tantas mujeres y hombres que, con las mismas papeletas, habían jugado a la lotería de conseguir un sueldo mínimo de peón, de los 202 que se ofertaban dentro de un total de los 551 puestos.

Era difícil, competir con 4.500 personas que tan solo tienen 551 oportunidades. Jorge pasó por el despacho hace días. Lleva años sin poder trabajar, ha ocupado una vivienda de esas fantasma que tienen los monstruos bancarios en urbanizaciones fantasma. Jorge es huérfano, no tiene familia directa que le ayude, no tiene pensión de abuelo para soportar los días sin pan. Tiene una discapacidad y una pequeña ayuda por ello, que se le acaba en dos meses.

Muy mala suerte, esta pequeña ayuda de 400€ aunque se acabe pronto, es suficiente para no acceder a un puesto. Y también está Miguel, un joven con una cualificación alta al que se le presentaba la oportunidad de ejercer su profesión, que saboreó la posibilidad provisional pero que definitivamente aparecieron dos en la lista antes que él, cuya solicitud se había extraviado entre miles de números hambrientos de una oportunidad. Pero no son números, Vero, Jorge y Miguel son solo algunos de esos rostros que este sistema ha expulsado, ha mandado al rincón donde no hay oportunidades, si acaso la suerte les permite participar en el sorteo de unos pocos puestos de trabajo para que, entre sueldo y subsidio, vayan tirando.

Ayer me decía Vero que le habían gustado mis declaraciones denunciando el espectáculo bochornoso que están ofreciendo quienes gobiernan en la JCCM y el Ayto, es decir, el circo del PP y el PSOE reprochándose los fallos en la gestión del Plan de empleo. ¡Cómo huele a campaña electoral!, y algunos no dudan en utilizar el drama del desempleo como arma arrojadiza, o en sacar el espantajo del AVE a ver si cuela, que parece que en nuestra Talavera nos cuelan todo y nos cuelan a cualquiera. Le doy las gracias a Vero, pero me gustaría poder ofrecerle algo más que declaraciones.

No tengo responsabilidades de gobierno pero sí siento vergüenza ajena por aquellos cargos públicos que teniéndola, no tienen la vergüenza de poner el dedo en la llaga que se desangra con 12.570 personas sin empleo. Ante esta situación Talavera recibe miserias y no debemos resignarnos a gestionar miserias y subsidios. Nuestra ciudad y comarca sufren una depresión económica y social sin precedentes, fruto de décadas expulsada al rincón donde no hay oportunidades, si acaso algún estudio, proyecto o promesa de inversión millonaria que nunca llega. Vero no quiere ayudas de emergencia, ni subsidio, ni más empleos basura que provocan una hoja de vida laboral en blanco. Vero quiere una oportunidad para levantarse todas las mañanas y ofrecerle a sus hijas una vida digna. Vero quiere pan y también tiene derecho a rosas.

 Y Talavera es como Vero, quiere ser un lugar con oportunidades, en la que no haya que jugar a la lotería para poder trabajar. Talavera quiere levantarse, a poder ser con una soga que le impulse y no que le apriete, atender la urgencia y la emergencia, que pensemos en las siguientes generaciones y no en las próximas elecciones. Talavera quiere proyectos, empleo e inversiones. Nos sobran reproches entre políticos y nos faltan agallas para pelear para que Talavera no sea condenada al subsidio permanente.


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